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Ante los crecientes niveles de CO2 una nueva tendencia pretende instalarse como solución de soluciones: hay que capturarlo y almacenarlo bajo tierra. Así, a través de extractores en fábricas que funcionarían cual potentes aspiradores, se aprisionaría este gas de efectos perversos y se le confinaría en pozos que llegan hasta los 300 metros bajo el nivel del mar. Castigado.

Hay proyectos de este tipo por todo el mundo. Cada vez más. Los hay en Norteamérica, en el Norte de Europa, en África… Sin ir más lejos también tenemos uno en Puertollano (Ciudad Real) y pronto habrá otro en El Bierzo (León). Pero no son empresas sencillas.

Todas ellas requieren grandes infraestructuras para establecer los extractores, los pozos y el entramado de gasoductos que comuniquen ambos puntos. Es decir, dinero, mucho dinero. Así que por el momento esta técnica va instaurándose poco a poco, despacio y en la medida de lo posible entre las políticas  de las grandes factorías.

A grandes problemas, grandes soluciones, pero vísteme despacio que tengo prisa. Desde luego, es muy loable la intención de reducir los niveles de CO2. Nadie, persona ni protocolo, ha conseguido hasta la fecha contener ni frenar el creciente consumo energético que se está dando en los países industrializados. Más consumo, más contaminación, más CO2. ¿Y ahora qué hacemos? Lo metemos en un pozo debajo del mar.

Hay que buscar una solución al problema del CO2, eso está claro. Se come el ozono, derrite los polos, acidifica nuestros mares. Es un veneno que mata lentamente. Pero el hecho de que no seamos capaces de reducir las emisiones no sé hasta qué punto justifica el enterramiento masivo de lo que no nos viene bien. ¿Qué será lo próximo?

No podremos seguir eternamente enterrando todo lo que molesta. Tal vez la Tierra tenga capacidad para albergar millones y millones de toneladas de CO2. ¿Pero realmente estamos buscando una solución o es solo un parche? ¿Realmente va a acabar con el efecto invernadero? No deja de ser llamativo el énfasis puesto en liberarnos de CO2 mientras se deja correr libremente hacia las nubes a otros gases como el metano, con un poder contaminante mayor y una mayor persistencia a lo largo del tiempo.

Seguramente esto es mejor que no hacer nada, pero llamemos a las cosas por su nombre. O al menos no las llamemos por lo que no son. Esto no es una panacea. Lo ideal sería reducir el consumo energético. Electrodomésticos cada vez más eficientes, coches que no contaminan, energías renovables… Qué bien suena. Consumo responsable. No es más limpio quien más limpia, sino quien menos ensucia.

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