Las personas que formamos parte del Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad trabajamos diariamente con información científica y médica, ayudamos a profesionales de la comunicación a orientarse entre esta información y tenemos también vocación de servicio hacia la ciudadanía. Desde los primeros casos de COVID-19 en el mundo hemos estado informando regularmente desde nuestra cuenta de Twitter @ccupf y el resto de nuestras redes. Escribimos ahora este post con dos objetivos claros: (1) presentar una selección de recursos informativos útiles y rigurosos tanto para los profesionales de la comunicación como para la ciudadanía y (2) resumir la información básica de lo que sabemos hasta ahora sobre la enfermedad y la situación de pandemia actual.

Somos conscientes de que la información cambia día a día, y con ella cambia también nuestra percepción sobre la pandemia, su alcance, sus consecuencias inmediatas (y a corto y largo plazo). Estamos viviendo una dolorosa etapa en que la única forma de aprender a convivir con la incertidumbre es la información: la buena información.

Esperamos, por tanto, que esta recopilación os sea de utilidad.

 

Recursos informativos útiles y rigurosos, para profesionales de la comunicación y para la ciudadanía

 

1. Información actualizada por fuentes de administración sanitaria:

 

2. Información actualizada procedente de fuentes científicas:

 

3. Nuestra selección de recursos divulgativos de elevado valor para la ciudadanía (algunos creados a partir de colaboraciones entre entidades sanitarias, científicas y especialistas en comunicación):

 

4. Recursos de investigación en acceso abierto:

 

5. Recursos periodísticos

 

6. Recomendaciones lingüísticas:

 

7. Recursos de ciencia abierta, participación ciudadana e innovación

 

 

Información básica sobre la enfermedad COVID-19 y el actual estado de la pandemia 

¿Qué es?

El actual coronavirus (SARS-CoV-2) forma parte de una familia de virus responsables de varias afectaciones respiratorias humanas. Los coronavirus (CoV) causan infecciones respiratorias agudas leves pero ocasionalmente más severas en los humanos. Infectan una gran variedad de animales, y varios CoV han cruzado la barrera de la especie, produciendo brotes de enfermedades respiratorias humanas graves:

  • El virus SARS-CoV causó la epidemia de 2003 en Guangdong, China, el cual fue erradicado de manera inesperada, sin ningún tratamiento específico. Este virus causaba infecciones respiratorias agudas y, en los casos más graves, mortalidad, lo que le da el nombre de síndrome respiratorio agudo grave (de sus siglas en inglés, SARS). Sobre la evolución del SARS-CoV y las complicaciones que presentó, en inglés.
  • El MERS-CoV causó por primera vez infecciones en Arabia Saudí en 2012, y continúa circulando por las poblaciones humanas y de camellos. Este virus también ocasiona dificultades respiratorias que pueden derivar en neumonía y, en los casos más graves, provocar la muerte, y a diferencia del SARS, se le asocian también síntomas gastrointestinales. Sobre el estado del MERS-CoV en castellano.

El nuevo coronavirus se ha denominado SARS-CoV-2 (debido a su semejanza genética al SARS-CoV) y la enfermedad que desarrollan las personas infectadas se llama COVID-19.

Los virus infectan el cuerpo entrando por las mucosas de los ojos, nariz o boca, y luego se adhieren con las proteínas de su superficie a las células del cuerpo, especialmente en las del pulmón. Una vez dentro del cuerpo, es cuando el virus puede reproducirse haciendo copias de sí mismo, utilizando material de las células sanas del cuerpo infectado, y así se multiplica por todo el cuerpo.

La vía aérea entre la boca, la nariz, la garganta y los pulmones, es el mismo lugar en el que ataca la gripe estacional en invierno, por lo que es fácil en un inicio confundir los síntomas. Pero la COVID-19 puede llegar a ser más grave porque es más probable que se profundice en las vías respiratorias, y provoque una neumonía grave.

Orígen del actual coronavirus

El brote inicial del virus fue en diciembre del 2019 a Whuan y se extendió hasta declararse pandemia el 11 de marzo por la Organización Mundial de la Salud.

Se considera que los animales y murciélagos salvajes son los huéspedes primarios con un papel crucial en la transmisión de diversos virus, como el Ébola, Nipah, Coronavirus y otros. El SARS-CoV-2 probablemente se originó en murciélagos, ya que varios estudios muestran que su material genético es un 96% idéntico a los coronavirus que presentan estos animales. Sin embargo, aún se requiere más información para confirmarlo y saber si se transmite directamente de los murciélagos a humanos o hay algún un huésped intermedio.

¿Por qué es tan importante conocer cuál o cuáles animales han estado en el origen de la transmisión a humanos? Para muchos virus, uno de los pasos clave en el proceso de propagación es el salto de animales a humanos. Por eso, la identificación de la fuente del virus podría servir para poner en marcha estrategias para controlar su propagación.

¿Cuál es su evolución hasta el momento?

La Johns Hopkins University (JHU) recoge la evolución actualizada sobre el número de casos en cada país, así como del número de muertos y de personas recuperadas. Este recurso informativo está siendo clave en la comunicación de la evolución de la enfermedad, especialmente a escala global, y tanto desde fuentes oficiales como desde los medios de comunicación a menudo se utiliza el mapa de la JHU o adaptaciones del mismo. Según el mapa de la JHU, a las 12:00h del 1 de abril han registrado 862.234 casos, 42.404 muertos y 178.836 recuperados en el mundo. Concretamente, España ha confirmado 95.923 casos de coronavirus, 8.464 muertos y 19.259 recuperados. En este enlace se puede seguir la evolución actualizada del virus en España y el resto del mundo.

¿Por qué la COVID-19 nos ha llevado a esta situación?

En comparación con las epidemias ocasionadas años atrás por otros coronavirus, una de las principales características que presenta el virus que produce la COVID-19 es su rápida transmisión entre personas y la consiguiente propagación en todo el mundo, agravada por la facilidad y alta frecuencia en que actualmente viajamos de un país a otro (The Lancet, Vol. 395, No. 10229, p1015-1018). Estos dos factores han provocado que, en pocos meses, la enfermedad se haya convertido en pandemia. Se cree que una persona infectada de coronavirus, un par de días antes de presentar síntomas y sin ser consciente de la posibilidad de tener la enfermedad, ya puede contagiar (Science). Incluso se piensa que habría la posibilidad de contagiar una vez que una persona ha superado la COVID-19 y ya no tiene síntomas. Parece que las personas siguen llevando el virus durante aproximadamente dos semanas después de recuperarse de la enfermedad (medRxiv).

Una persona puede desarrollar COVID-19 por contacto con otra que esté infectada por el virus, se puede propagar de persona a persona principalmente cuando una persona infectada tose o estornuda. De este modo, gotas respiratorias de la persona infectada pueden caer sobre objetos, superficies y también personas que la rodean. Cuando se respiran estas gotas, o se tocan los ojos, nariz o boca después de tocar una superficie en la que está el virus, éste puede entrar en el cuerpo. La mayoría de los virus pueden vivir varias horas en una superficie o en el suelo. La OMS indica que no se sabe cuánto tiempo sobrevive el virus a las superficies, pero parece que se comporta como otros coronavirus. Los estudios sugieren que pueden persistir en superficies durante unas horas o hasta varios días. Puede variar en diferentes condiciones (por ejemplo, tipo de superficie, temperatura o humedad del entorno). Este estudio publicado en The New England Journal of Medicine sugiere que el virus puede permanecer viable en cartón durante 14 horas, hasta 3 días en plástico y acero inoxidable, y puede permanecer en el aire hasta 3 horas.

La otra problemática que presenta la COVID-19 es que al propagarse tan rápidamente el volumen de pacientes que precisan hospitalización e incluso ingreso en las UCIs es extraordinariamente elevado. Por este motivo, los hospitales, a pesar de utilizar el máximo de recursos (en cuanto a espacios y personal) de los que disponen no dan abasto. La concentración de enfermos que precisan atención hospitalaria urgente ocasiona unos requerimientos extraordinarios que hacen que la situación sea especialmente difícil. Entre otros los elevados requerimientos de protección que precisan tanto los propios enfermos como los sanitarios (mascarillas, guantes, EPI, limpieza, aislamiento, etc.), otros requerimientos debidos a la enfermedad y sus complicaciones (tests para la confirmación de casos, medicamentos, respiradores, fisioterapia respiratoria, etc.) o las necesidades propias de la hospitalización (cribado, pruebas analíticas y de diagnóstico por la imagen, espacio en urgencias, camas de planta y de UCI, alimentación y atención de la persona durante la hospitalización, etc.). A esta situación de gran complejidad se le tiene que añadir el hecho de que un porcentaje nada despreciable de los sanitarios está de baja por la propia enfermedad y que en los últimos años el sistema sanitario público español ha sufrido graves recortes en términos económicos, de número de camas hospitalarias y, especialmente, en recursos humanos. Para tratar de paliar la grave situación en la que estamos y la que puede convertirse en los próximos días, se están creando nuevos camas hospitalarias (o similares), contratando más personal, comprando material y medicamentos y tomando más medidas urgentes. Estas medidas se van anunciando diariamente por los diversos canales de comunicación del Ministerio de Sanidad, con comparecencias y ruedas de prensa en directo y en abierto.

Aparte de los requerimientos hospitalarios, la protección de las personas vulnerables (especialmente en las residencias de personas mayores, pero también en otros lugares) ocasiona una demanda también extraordinaria que se debe garantizar. Son especialmente graves -y se prevé que serán- estas semanas en las que suben exponencialmente los casos que desarrollan la enfermedad, que son personas que probablemente fueron contagiadas antes de tomar las estrictas medidas que supone el estado de alarma, y ahora empiezan a presentar de golpe los síntomas.

En este estudio publicado en The Lancet se habla de la importancia de las medidas de distanciamiento impulsadas tanto en España como en otros países, a fin de reducir la curva de contagios y así evitar la saturación del sistema sanitario. Los investigadores advierten que si estas medidas se relajan se correrá el riesgo de un nuevo pico de casos.

 

 

 

 

¿Qué se está haciendo para controlar la situación?

La situacióń epidemiológica derivada del coronavirus SARS-CoV-2 obliga a estar permanentemente sujetos a las revisiones que se acuerden por las autoridades competentes, especialmente por las sanitarias.

Ante la rapidez de la evolución de los hechos, tanto a escala nacional como internacional, el Gobierno adoptó dos decisiones: (1) extender todas las medidas de distanciamiento educativa, laboral y social, al conjunto de país; y (2) declarar el estado de alarma, por un periodo inicial de 15 días, plazo que, ha sido prorrogado hasta el 12 de abril por ahora.

El estado de alarma implica:

– Limitar la circulación de personas, con pocas excepciones (consultar excepciones aquí)

– Suspensión de la actividad educativa y la actividad comercial, excepto en alimentación y productos de primera necesidad.

– Se establecen de medidas de contención en el ámbito laboral, y suspensión de actividades recreativas de hostelería y restauración.

    • Muchas empresas ya han elaborado planes de contingencia que definen medidas preventivas para evitar la propagación y contagio por coronavirus y asegurar la continuidad de la actividad de la empresa tanto como sea posible, de la manera que suponga la menor afectación por sus empleados y actividades. En este documento se facilita la información necesaria sobre la aplicación de la normativa laboral en relación con las diferentes situaciones en las que se pueden encontrar las empresas y personas trabajadoras.

– Indicaciones para asegurar el suministro de alimentos, bienes y servicios necesarios, el transporte y el suministro energético.

– Medidas dirigidas a reforzar el Sistema Nacional de Salud, entre las cuales se encuentran:

    • Ampliar el equipo humano sanitario en más de 50.000 profesionales que ya están disponibles para su incorporación a los equipos de asistencia de las diferentes administraciones sanitarias. Se trata de un colectivo integrado por: médicos residentes de último año de formación; profesionales médicos y de enfermería que realizaron pruebas selectivas especializadas y que, habiendo superado la puntuación, no recibieron la adjudicación de una plaza; estudiantes de enfermería y estudiantes de medicina de último curso como apoyo sanitario. Además, se puso bajo las órdenes del personal sanitario los medios y recursos de la sanidad privada.
    • Suministro de equipos de protección para el personal sanitario, kits de diagnóstico y otros equipos críticos, como los respiraderos. Desde el Ministerio de Sanidad se están reforzado las compras de las comunidades autónomas.
    • En cuanto a las residencias de gente mayor, desde el 5 de marzo se está siguiendo un protocolo de actuación y desde el 24 de marzo se realizan inspecciones sanitarias y mecanismos de información, con la posibilidad de intervención en residencias que no cumplan estas obligaciones. Además de poner todas las residencias de gente mayor bajo la autoridad pública, es decir las comunidades autónomas.

En este enlace se pueden encontrar las notas de prensa actualizadas sobre las comparecencias de las autoridades correspondientes del gobierno anunciando las decisiones que se van tomando a medida que evoluciona la situación.

A pesar de que se están tomando muchas medidas para controlar la situación y dar respuesta a las necesidades extraordinarias que genera la COVID-19, la gravedad del momento es elevada. Por eso es de gran importancia cumplir con las medidas de prevención establecidas y contribuir entre todos a luchar contra la expansión de la dolencia.

 

Síntomas y diagnóstico

El Ministerio de Sanidad publicó el 18 de marzo un informe técnico a partir de estudios realizados en China que detalla algunos de los síntomas y signos más comunes de la dolencia por coronavirus. Los síntomas y signos más frecuentes son la fiebre (87,9%), tos seca (67,7%), astenia (38,1%), expectoración (33,4%), disnea (18,6%), dolor de garganta (13,9%), cefalea (13,6%), mialgia o artralgia (14,8%), escalofríos (11,4%), náuseas o vómitos (5%), congestión nasal (4,8%), diarrea (3,7%), hemoptisis (0,9%) y congestión conjuntival (0,8%). Posteriormente se han detectado otros síntomas, especialmente singular es la presentación de anosmia (pérdida reversible del sentido del olfato) que presentan algunos pacientes.

En general, los síntomas de la COVID-19 son leves, sobre todo en los niños y los adultos jóvenes. No obstante, también pueden ser graves y obligan a hospitalizar alrededor de uno de cada cinco infectados. Las personas mayores de 70 años, las que sufren varias patologías crónicas (como dolencias respiratorias y cardíacas, cáncer, etc.) son especialmente vulnerables a sufrir una forma grave de la dolencia. Aunque no representan un porcentaje elevado, se está estudiando muy especialmente en un subgrupo de personas que sin tener edad avanzada ni dolencias de base especialmente debilitadoras presentan formas graves de la COVID-19.

Por lo tanto, es lógico sentir preocupación por los efectos que el brote de COVID-19 puede tener en nosotros y en nuestros seres queridos. Pero esta preocupación tendría que servir para adoptar medidas de protección para nosotros, nuestros seres queridos y las comunidades donde vivimos. La medida principal y más importante es la higiene regular y completa de las manos y de las vías respiratorias. En segundo lugar, es importante mantenerse informado y seguir los consejos de las autoridades sanitarias locales, estatales e internacionales. Podéis consultar los consejos sobre protección de la Organización Mundial de la Salud aquí.

En la actual pandemia de coronavirus se utiliza desde los primeros días la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) para determinar si una persona está infectada o no. A esta herramienta se están sumando en los últimos días los tests de diagnóstico rápido, más sencillos y rápidos.

El uso de la PCR es común y rutinario en los laboratorios de microbiología de hospitales, centros de investigación y universidades, mediante esta técnica se localiza y se amplifica un fragmento de material genético, que en el caso del coronavirus es una molécula de ARN. Si la técnica de PCR no detecta el material genético de virus, la persona no estaría infectada; cuando hay una sospecha clínica importante se tiene que realizar otra prueba para asegurar que el paciente no está infectado por el virus. La PCR presenta cierto grado de complejidad, de forma que necesita personal entrenado y preparado para su realización, y tarde unas horas al dar resultados. Ahora se están empezando a hacer pruebas con tests rápidos, que permiten conocer en 10-15 minutos si una persona está o no infectada. Esta técnica de diagnóstico rápido no se ha podido empezar a llevar a cabo hasta los últimos días puesto que para desarrollarlos se necesitaba un buen número de pacientes. Los tests rápidos no identifican el ARN del virus como hace la PCR, sino que detectan, o bien anticuerpos producidos frente a virus utilizando una muestra de sangre o bien proteínas de virus presentes en las muestras respiratorias de exudado nasofaríngeo. De este modo, después de tener la información otros casos con COVID-19, se ha podido caracterizar los anticuerpos que generan frente el SARS-CoV-2, y así desarrollar los tests de diagnóstico rápido.

Gracias a estas herramientas rápidas se preve mejorar la criba en la población y limitar los ensayos de PCR solo a aquellos pacientes que, con sintomatología, den un resultado negativo mediante los tests rápidos, permitiendo así liberar profesionales y recursos del Sistema Nacional de Salud.

Por ahora, la persona con sintomatología tiene que hacer aislamiento domiciliario. Ante la duda, se recomienda aplicar el principio de prudencia, seguir las recomendaciones de autoaislamiento y consultar telefónicamente o por vía telemática la necesidad o no de otras medidas. Las personas mayores son un grupo muy vulnerable y se aconseja limitar al máximo una posible situación de riesgo de infección. En caso de convivencia, se recomienda extremar las medidas de higiene. En Cataluña, a través del uso de la app STOP COVID-19 CAT el SEM puede hacer la vigilancia de la sintomatología y puede indicar las actuaciones a seguir según el estado de salud.

 

Combatir el virus y la pandemia

Medidas de distanciamiento y protección

Para combatir el coronavirus, lo más inmediato es hacer lo que está al alcance de cada uno de nosotros, es decir, aquellas medidas preventivas y de protección establecidas por el gobierno que nos ayudan a reducir el riesgo de exposición al virus y contagio. Se pueden consultar aquí. 

Tratamiento farmacológico y vacuna

Los enfermos con COVID-19 son tratados de manera inespecífica por sus síntomas respiratorios y otras complicaciones que puedan presentar, pero el reto está en encontrar fármacos antivirales y/o una vacuna que actuen específicamente contra este virus, atacándolo directamente o previniendo la dolencia.

Uno de los frentes principales de la investigación es la vacuna. Todavía hoy se trabaja en el desarrollo de una vacuna contra los coronavirus que han aparecido anteriormente, tanto el SARS-CoV como el MEROS-CoV. Tres vacunas se encuentran en las fases I y II de los ensayos clínicos, fases en las cuales se evalúa la seguridad de la vacuna y la respuesta del sistema inmunitario humano. Aun así todavía no se dispone de ninguna vacuna para combatir estos virus detectados al 2002 y 2012. Es importante pero, que cuando se empezó a estudiar una posible vacuna para COVID-19, ya había trabajo hecho gracias a estos estudios.

Desde el inicio de la aparición de la enfermedad COVID-19 se empezó a investigar sobre el virus que la causaba y la posibilidad de desarrollar una vacuna para combatirlo. Actualmente, ya son muchas las instituciones que están trabajando para conseguirlo. A pesar de que ya contamos con prototipos de vacuna muy avanzados, todavía es incierto saber cuándo podremos ver una vacuna viable. Por un lado, se tiene que comprobar que realmente sea segura y eficaz, y no provoque por ejemplo que las personas vacunadas presenten más dificultades al verse expuestas al virus. Por otro lado, se tiene que encontrar financiación para producir vacunas a gran escala porque todo el mundo pueda acceder. En este escenario, de cierta manera lo que se está generando es una carrera entre las instituciones de diferentes países para patentar la vacuna.

Como el desarrollo de una vacuna es un proceso lento, también se están estudiando otras posibles terapias por personas infectadas, como la administración de antivíricos autorizados por otras dolencias causadas por virus siguiendo varias combinaciones y dosis. Aunque existen numerosos ensayos clínicos en marcha, de momento no hay evidencia que permita recomendar un tratamiento específico por el SARS-CoV-2.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) con los expertos de las agencias europeas, la European Medicine Agency y otras agencias fuera de la UE, está monitorizando de manera continua todos los datos relativos al uso de medicamentos por el tratamiento o la profilaxis de la infección respiratoria por SARS-CoV-2.

Hasta la fecha, solo hay datos parciales, preliminares, a veces únicamente in vitro o incluso contradictorias, sobre la eficacia de un u otro producto. De este modo, en lo posible, se tiene que priorizar la posibilidad de realizar estudios clínicos que, a la vez que ofrecen una alternativa de tratamiento plausible, generen conocimiento útil.

No hay que decir que en estos momentos es muy tangible que la investigación científica tiene que contar con recursos sostenidos. La investigación no se puede improvisar. Los países más fuertes en investigación son también los que están liderando esta lucha contra reloj, al margen de algunos esfuerzos destacables que se están poniendo en marcha en nuestro país.

Para generar lo antes posible pruebas científicas, sólidas y de alta calidad sobre posibles tratamiento por pacientes con COVID-19, la Organización Mundial de la Salud lanzaba la iniciativa «Solidarity» el 23 de marzo. Se trata de una base de datos internacional que recoge la información de varios ensayos clínicos, poniendo a prueba el potencial de las terapias, antiguas y nuevas, para combatir el coronavirus que está causando la pandemia actual. Las terapias que se probarán son con: remdesivir; cloroquina y hidroxicloroquina; lopinavir más ritonavir; y lopinavir más ritonavir e interferón-beta. Más información sobre las terápias en The British Medical Journal y AEMPS.

 

El coronavirus en los medios de comunicación

El coronavirus ha llevado además de una pandemia, una infodèmia mundial entre la cual a menudo es fácil encontrarse noticias falsas o “bulos”, que lo único que generan es más alarmismo entre los ciudadanos. Por este motivo, es importante mantenernos informados, pero intentando siempre contrastar la información con fuentes fiables. Es recurrente, sobre todo en redes sociales, caer en informaciones que no son explicadas de la manera más rigurosa y que pueden malinterpretarse y hacerse difusión de una manera poco precisa e incluso errónea.

Cometer errores al hablar de una crisis sanitaria tan reciente de la cual todavía nos falta mucho para conocer es una posibilidad que no puede descartar nadie. Además, la información en estos escenarios cambiantes se propaga muy deprisa, y justamente por estos motivos tendríamos que intentar ser lo más rigurosos posibles al hablar sobre la pandemia de la COVID-19 causada por el SARS-CoV-2.

Nuestras recomendaciones una vez se lea una noticia o nueva información relacionada con el actual coronavirus que, de entrada, nos genera desconfianza, son las siguientes:

  1. Leerla con atención y preguntarnos: ¿Conocemos los autores de este texto? ¿Son fiables?
  2. Asegurarnos que entendemos qué es lo que se busca comunicar.
  3. Recurrir a fuentes fiables donde poder contrastar la información. En el primer apartado de este post se pueden encontrar algunas de las fuentes de consulta que recomendamos nosotros. En concreto, medios como Maldita.es u otros recursos que contrastan los posibles bulos circulantes están haciendo un trabajo admirable y tendrían que ser conocidos tanto por comunicadores como por la población general.
  4. Si queremos hacer difusión intentar ser concretos y realistas al comunicar lo que dice la información y utilizar el lenguaje adecuado para esta temática. Podéis consultar cuál es la terminología correcta en las fuentes recomendadas en el primer apartado de este post.
  5. Si queremos acompañar el texto de imágenes, evitar utilizar imágenes sensacionalistas, para evitar crear alarmismo.
  6. Por último, antes de compartir información, preguntarse: ¿Será útil la información que comparto para las personas que la lean? ¿Compartirlo ayudará a llevar mejor la situación que vivimos?

Por otro lado, recomendamos consultar este artículo de la revista Mètode de la Universitat de València, donde Gema Revuelta, directora del CCS-UPF, ha colaborado en la elaboración de recomendaciones para informar sobre el coronavirus. También la Associación Española de Comunicación Científica ha elaborado una lista de breves recomendaciones para facilitar el trabajo en la hora de informar sobre el coronavirus, y la Asociación de Catalana de Comunicación Científica ha elaborado un documento con 13 recursos sobre COVID-19 por periodistas y divulgadores científicos.

Una vez pasado este filtro, es más probable que lo que compartamos contribuya a informar de manera más clara, contrastada y rigurosa. La situación actual es de extraordinaria complejidad y, por lo tanto, nuestro comportamiento como consumidores y productores de información también tiene que ser extraordinariamente escrupuloso y responsable. La información es en estos momentos tan importante como el resto de medidas preventivas.





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Este blog cuenta con la financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades