.12 ó 14 horas de viaje, ya no recuerdo. Creo que cuando llegué dormí dos días. Cambió el paisaje; cambió el clima y poco a poco cambian distintos aspectos de mi formación como profesional de la comunicación (científica). Hace poco más de dos años asistía con gran expectativa a la primera clase de la Diplomatura en Comunicación Científica, Médica y Ambiental que se impartía por primera vez en Buenos Aires en la sede argentina de la Universidad Pompeu Fabra. Más allá de los cursos o talleres, hasta ese momento en el país no había una gran oferta de capacitación a nivel de posgrado.

Se sorprenderían cuánto cambió la situación en este tiempo. Se formó la Red Argentina de Periodismo Científico, se comenzó a profesionalizar este tipo de comunicación, las universidades ahora imparten posgrados, se realizan congresos de Comunicación Científica, y el gobierno organizó Tecnolópolis, una muestra de arte, ciencia y tecnología totalmente gratuita y abierta al público donde los organismos de investigación del Estado dan a conocer qué logros han tenido y qué están investigando. Una completa revolución!

En este contexto llegué a Barcelona, más precisamente a la Plaza Gutenberg en la UPF, y reviví. Me saqué el polvo de los años de pensamientos guardados y mi mente se abrió a los nuevos estímulos que se presentaron. Blogs, APPs, nuevas formas de pensar las noticias, ciencia para niños, animaciones 3D, arte… “Es demasiado para dos días! – pensé– ¿Es que no hay alguna forma de comprobar la existencia de otras dimensiones y poder ir a dos o tres talleres al mismo tiempo?” Finalmente comprendí que la física del momento no nos permite viajes en el tiempo o ingresos a otras dimensiones, por lo cual tuve que asistir de a una charla por vez sabiendo que me perdí cinco igualmente interesantes.

Una vez aceptada esta realidad NO alternativa, cada cosa que decían y que proponían los participantes de los talleres me imaginaba cómo podría aplicarlo en mi trabajo; en mi país. Enseguida anoté todo para que, al llegar a la residencia, pueda enviar propuestas de trabajo a mi jefe o nuevos puntos de vista para ciertos proyectos ya comenzados a mis compañeros. Si alguien se atrevía a hacer un examen de mi actividad neuronal en esos momentos hubiese visto una explosión de colores (en las regiones que corresponda, por supuesto). Lo cierto es que en cierta forma me sentía “libre”; todo me parecía nuevo. Es que hay tantas cosas para hacer que a uno le parecen tan fáciles… claro, luego finaliza la charla y uno tiene que pensar cuál de todas esas cosas realmente puede hacer. Ficción vs realidad. Debemos buscar un punto intermedio. Sé que algunas cosas que pensé no serán posibles en mi ámbito laboral, pero otras si y son esas las que tengo que trabajar un poco más para adaptarlas.

Pero (es que siempre debe haber un “pero”) en algún momento del segundo día me di cuenta de que todo lo que presentaban era “futurista”, mucha tecnología, mucho Smartphone, mucha tablet, mucho 3D… ¿Y los que no tienen acceso a eso?¿Qué se les comunica?

¿Y el “ahora”? ¿Qué pasa con la comunicación científica hoy en día? ¿Qué pasa con la situación laboral del comunicador científico o del periodista freelance? ¿Hay políticas científicas en esta situación particular del país? ¿Cómo hace alguien recién graduado para comenzar su carrera como freelance? Es cierto que algunas preguntas como estas al menos se han escuchado y se han contestado superficialmente durante los debates pero creo que faltó. En la Argentina, estos debates son más comunes.

La finalidad del Campus Gutenberg es  ser “un espacio abierto que muestre los diversos canales y formatos que se utilizan para impulsar la cultura y la divulgación científica desde todos los ámbitos, así como reflexionar en torno a los cambios que se están produciendo y las nuevas estrategias a seguir”. Pues creo que mostró bastante y creo que sería bueno reflexionar un poco más.

De camino a la residencia el último día del Campus, quedé convencida de que estos momentos de reflexión son muy importantes para el avance de la cultura científica. Es fundamental que nos tomemos al menos un día (¿al año? ¿al mes?) para pensar qué pasa en el ámbito de nuestra actividad laboral, saber qué tecnologías hay disponibles y conocernos mutuamente. Sin este tipo de encuentros nuestras neuronas podrían morir (de poco funcionamiento o de aburrimiento!!). Así que los invito a hacer lo que yo no podré, volver el año que viene (16 y 17 de septiembre de 2013) y continuar con la reflexión, el conocimiento y el networking para que esta cultura científica que entre todos creamos no muera ni se debilite.

Felicitas Terreno
Alumna del MCC UPF

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