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Un pingüino desorientado. Un expresidiario que guarda un kayak en su mochila, siempre preparada para partir. Un lingüista que estudió durante años una lengua que la burocracia dejó morir. Un biólogo aficionado a la ciencia ficción que se sumerge en aguas de -70 grados. Un exbanquero que conduce un trailer. Una superviviente intercontinental y un director de cine curioso, muy curioso. Todos ellos viven y conviven en un lugar inhóspito y olvidado que hipnotiza con sólo nombrarlo: el continente helado. La Antártida. Enormes masas de hielo dan cobijo a un puñado de desterrados voluntarios del mundo normal. Sólo escuchan el silencio. El silencio y los envolventes sonidos de las focas bajo el mar helado. Durante el verano austral, el sol se convierte en su compañero permanente.

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Nominada al Oscar en 2008 como mejor documental, Encounters at the End of the World está dirigida por Werner Herzog, quien, desde el principio, tuvo claro que no quería grabar el típico documental de pingüinos. Y lo consiguió. La proyección se convierte en una magnífica herramienta para conocer el misterioso mundo antártico sin dejar a un lado las conmovedoras y solitarias historias de sus habitantes. Vivir aquí es lo más parecido a un asentamiento en la Luna, relata en un determinado momento Herzog, estableciendo así lazos interplanetarios, que son una constante en todo el documental. De hecho, el director concluye su película con un inquietante final, mucho más cercano a la realidad que a la ciencia ficción.

4 pensamientos sobre “En el fin del mundo”

  1. Fantastico documental!

    Es insolito como nos descubre el continente helado, su mundo subacuático en increibles imagenes y la misma vida humana en, como él lo llama, el fin del mundo.

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