El 2019 en Cataluña se realizaron 1296 trasplantes, un 13% más que en el año anterior. Se batió así el récord histórico. Lo que podría parecer un dato frío, da en realidad mucha información. Las técnicas se han consolidado, los procesos se han agilizado y, pese a las dificultades externas, podemos afirmar que nuestro sistema sanitario funciona. De esto, pero sobretodo del futuro de los trasplantes, se habló en la mesa redonda celebrada en la Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra (BSM-UPF) el pasado 26 de febrero.

Los alumnos del Máster en Comunicación Científica Médica y Ambiental quisieron titular la mesa redonda con una pregunta: ¿Cuál es el futuro de los trasplantes? Una pregunta nada trivial. Tecnologías como la impresión 3D o las células madre prometen revolucionar la medicina. ¿Veremos en breve órganos fabricados con una impresora? ¿Podremos evitar los trasplantes de órganos con implantes de células madre? ¿Qué opinan al respecto las voces autorizadas?

 

La pregunta del título permitió a la moderadora Mariona Folguera dar pie a las intervenciones de los invitados. Éstos tenían un perfil deliberadamente diverso. Un tema tan poliédrico no admitía respuestas unívocas. Hubo, como no podía ser de otra manera, discursos con tonos muy diversos.

La primera en intervenir fue Marta Gubau, autora del libro «Tenim un cor per tu», y tuvo que hacerlo via Skype. Marta está trasplantada de corazón y toma inmunosupresores que le impiden estar presente en lugares muy concurridos o en los que haya gente con enfermedades infecciosas. La suya fue la intervención más íntima y personal. Su historia es digna de ser contada y el modo en que la cuenta es digno de admiración.

De niña, mucho antes de ser trasplantada, sufrió un cáncer infantil. Años más tarde sufrió también un ictus. A los veinte y pocos años empezó a sufrir del corazón. La medicación que le había permitido superar el cáncer había contribuido a provocarle una miocardiopatía dilatada. Su corazón llegó a bombear solamente al 20% de su fuerza normal. Ese historial clínico tan complejo le impedía entrar en las listas de trasplantes, puesto que los inmunosupresores que debería tomar al recibir un trasplante podían hacer renacer las células malignas.

Para la mayoría de la gente la perspectiva de someterse a un trasplante es aterradora, una última opción. No para Gubau. Para ella parecía no haber esperanza y cuando se le abrió la posibilidad, la tomó como la oportunidad de tener una segunda vida. “Los efectos secundarios son pequeños inconvenientes. Me centro en disfrutar el día a día. Ya afrontaré lo que venga”, comentó al ser preguntada por los efectos de la medicación que debe tomar. Una lección de vida.

 

Los ponentes de la mesa redonda dieron distintos puntos de vista sobre la evolución de los trasplantes.

 

El director de la organización catalana de trasplantes (OCATT), Jaume Tort, intervino en segundo lugar. Tort quiso hablar del presente y lo hizo con orgullo. Habló de la gran cantidad de profesionales que deben coordinarse para que un trasplante se lleve a cabo con éxito. La logística es compleja y los plazos cortos. “Pocas horas después de que a un donante se le diagnostique la muerte cerebral, sus órganos dejan de ser viables”, comentó.

Explicó que no solo los profesionales (cirujanos, coordinadores de trasplantes, etc.) son ahora más eficientes, también ha cambiado la actitud social respecto a la donación. “El 83% de las familias accede a que sus allegados sean donantes”, indicó. Es un dato para la esperanza.

Tort quiso poner en valor el actual sistema de trasplantes, remarcó que es un logro colectivo del que estar orgullosos. Mostró cómo, año tras año y quizás copando menos titulares de los que debería, sigue evolucionando.

En el turno de preguntas se le preguntó sobre el futuro. Tort mostró un sano escepticismo frente a algunas noticias aparecidas recientemente en los medios generalistas. Efectivamente, al leer algunas de ellas parece que la llegada de los órganos artificiales a la carta sea inminente. De sus palabras se desprendía que el futuro (a corto plazo) de los trasplantes está en la simple evolución del sistema actual y no tanto en la impresión 3D o las células madre.

 

La tercera ponente en intervenir fue Teresa Casanovas, la presidenta de “l’Associació Catalana de Pacients Hepàtics” (ASSCAT). Casanovas dio una visión histórica de la evolución de las enfermedades hepáticas y la relación de éstas con los trasplantes.

Según Casanovas, uno de los hitos más importantes de los años recientes ha sido poder curar la hepatitis C. Esta infección vírica afecta exclusivamente al hígado y puede desembocar en cirrosis o incluso cáncer hepático. “La posibilidad de curar el virus de manera mucho más efectiva evitará muchos trasplantes”, resaltó Casanovas. Otra reflexión interesante: quizás en el futuro no veamos tantos trasplantes de “ciencia ficción” quizá, simplemente, veamos menos trasplantes.

Casanovas quiso también remarcar el papel de la institución que preside: “los pacientes necesitan hablar con alguien que lleva años vivo después del trasplante”, “necesitan ver que los órganos funcionan, que no tienen fecha de caducidad”, explicó.

Finalmente le tocó el turno a Javier Ramon Azcón, investigador principal del grupo de “Biosensors for bioengineering” del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC). Azcón y su grupo, junto a los demás investigadores del IBEC, son una de las puntas de lanza de la investigación en medicina regenerativa en Cataluña.

Azcón quiso empezar haciendo un llamamiento a rebajar las expectativas. Los medios (y algunos científicos) tienden a exagerar los avances de la investigación médica. “Hace 15 años que se trabaja en medicina regenerativa pero un órgano entero fabricado en el laboratorio queda aún muy lejos”, aclaró Azcón.

Después del baño de realidad, Azcón quiso hacer un repaso por algunos de los proyectos más punteros del IBEC. Habló de los órganos en chip y sus posibilidades. Habló de organoides encapsulados que podrían alargar la vida útil de órganos que empiezan a fallar. Habló de parches de células cardíacas que podrían regenerar corazones infartados. Difícil no ilusionarse. A veces parece lenta pero la ciencia avanza imparable.

En el turno de preguntas todos los ponentes coincidieron en resaltar la solidez de nuestro sistema de trasplantes. También quedó claro que, viendo cómo ha avanzado la medicina en las últimas décadas, no es fácil predecir hacia dónde irá en el futuro.

¿Cual es el futuro de los trasplantes? Quizá la conclusión sea que a los trasplantes aún les queda futuro. Antes de ver órganos fabricados en el laboratorio o granjas de órganos veremos trasplantes cada vez más eficaces y con menores listas de espera. La conclusión es quizá, que la medicina regenerativa ha venido a coexistir (al menos por ahora) con los trasplantes y no a eliminarlos.

 

 

Sebastián Benejam Ríos

 





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