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Ulrich Beck, conocido sociólogo alemán centrado en el estudio de la globalización, la individualización, la revolución de géneros, el subempleo y los riesgos globales, ha publicado recientemente un artículo de opinión de El País dónde hace una reflexión sobre la sociedad actual y los riesgos implícitos en su funcionamiento.

Beck fue quién planteó el concepto de la ‘sociedad del riesgo’ en los años 80. Esta idea implica que la sociedad industrial moderna genera riesgo por sí misma, riesgos incalculables, imprevisibles y incontrolables ya que el sistema político ha perdido el control del desarrollo industrial. Según Beck, el desafío es hacer frente a estos riesgos de una manera segura y organizada.

La catástrofe de Fukushima ha incrementado el debate sobre los riesgos de la sociedad actual, concretamente los de la energía nuclear, y sobre el control que tenemos de ellos. Así pues, la teoría de la sociedad del riesgo vuelve a estar de actualidad.

En el artículo, Beck cuestiona la responsabilidad de la sociedad y la seguridad en torno a las centrales nucleares. La única diferencia entre Chernóbil y Fukushima es que ésta última es una catástrofe natural y no podemos responsabilizarnos de ella, pero éste es un razonamiento poco adaptado a la sociedad actual. La construcción de centrares nucleares en zonas de elevada actividad sísmica no es un fenómeno natural, sino una decisión política, indica. Así que sí tenemos esa responsabilidad. El término catástrofe pertenece a la sociedad,  no a la naturaleza, quién lo entiende como un fenómeno de transformación.

No estamos preparados para una catástrofe nuclear de grandes dimensiones, afirma Beck, y a la vez creemos que las tecnologías son infalibles. La catástrofe de Japón nos ha mostrado que estamos equivocados e incluso Japón, conocido por su innovación y apuesta tecnológica, puede fallar.

Según Beck, el mayor argumento en contra de las centrales nucleares viene dado por acontecimientos como el sucedido en Japón. En estos casos la minimización del riesgo que hacen los gestores de la energía nuclear se traduce en falta de seguridad en el público.

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