Mario Viciosa

En esta edición del Campus Gutenberg Cosmocaixa, Mario Viciosa ha sido uno de los invitados a la mesa redonda de la sesión inaugural bajo el título “Los caza-mentiras: Fake News y fact checkers”. Es realizador y ha sido profesor durante años del Máster de El Mundo y otros cursos de la Escuela Unidad Editorial. Actualmente, es responsable de Ciencia de Newtral y ‘El Objetivo’ de La Sexta, ‘Al Rojo Vivo’ y ‘La Sexta Noche’. Ha desarrollado distintos formatos para radio y televisión en medios como Canal Norte, TVE, Canal 9, u Onda Cero. Mario nos habla del fact checking en el ámbito de la comunicación científica y da algunas claves para entender cómo circulan los bulos.

 

¿Qué te parece el Campus Gutenberg Cosmocaixa?

Este tipo de iniciativas ahora se ha vuelto muy interesante sobre todo por el papel de universalización del trabajo que hay de muchos profesionales detrás de un escenario de crisis como esta. Que haya un interés tan grande de gente conectada desde tantos lugares diferentes es algo que nos tiene que hacer reflexionar. El interés que despiertan los problemas y cómo llegar al ámbito público es algo que siempre nos tenemos que plantear desde la academia y los periodistas. Más allá del nivel de contenidos, que es alto e interesante acorde con una experiencia exitosa como es este campus, me parece muy interesante, y no solo este sino por otros encuentros en los que  que yo mismo he participado y en los que hemos conseguido romper barreras para acceder a públicos y a ponentes y gente con enormísimo nivel y también poder debatir.

 

La sesión inaugural trató del tema del fact checking o verificación de datos, que es justo en el campo en que estás trabajando ahora. ¿De dónde vienen las noticias falsas? ¿Quién gana difundiendo bulos?

Yo sé quién sale perdiendo. Sale perdiendo la ciudadanía, salen perdiendo las democracias y sale perdiendo la salud también en esta pandemia. Dependiendo del interés que pueda haber en estas falsas informaciones que circulan por redes también podemos identificar quién sale ganando. Desde chiringuitos, empresas, los llamo chiringuitos ya no por la ley, porque pueden ser legales, pero sí jugando con el engaño, a la hora de vender terapias falsas, por ejemplo. Creo recordar que tres cuartas partes, alrededor de un 75 o 77% de los bulos que se difunden han tenido que ver en esta crisis de salud con pseudoterapias, y ya de antes más de la mitad de ellos venían el ámbito de la alimentación, que siempre tienen alguien interesado en vender algún tipo de producto. Esto no es nuevo, ha ocurrido siempre, solo que ahora se ha dado la amplificación que permiten determinadas redes sociales. Es la primera pandemia que estamos viviendo con Whatsapp y este es el principal canal de entrada y propagación.

 

Pero para que algo se propague, alguien tiene que decidir compartirlo. ¿No?

Evidentemente. Yo suelo decir que, en estas cosas, el cariño y la confianza con nuestros seres queridos son el caldo de cultivo para la propagación  de bulos y virus. Independientemente de quién genere los bulos de manera interesada. Esto es lo mismo que con el virus: bajamos la guardia con nuestros seres cercanos y ahí se cuela tanto la mentira como el virus, entonces empieza a circular. Desde abril se han hecho 16 veces más consultas a nuestro servicio de Whatsapp de Newtral, y esto es solo la punta del iceberg, donde ya la gente se plantea antes de darle al botón compartir. Por tanto, ha habido también preocupación de la gente por saber si lo que estaba a punto de compartir es cierto o no. Ya nos empieza a sonar algo raro y tener el instinto de preguntar a un verificador es importante. Realmente los bulos se paran por ahí.

 

¿Qué es lo que nos hace creer en mentiras? ¿Es el tema del COVID19, que lo  asociamos con la muerte y por tanto nos interesa mucho, o es quizá que no tenemos como sociedad la formación necesaria para distinguir lo veraz de lo falso? ¿O es que los bulos están muy bien hechos?

Probablemente es una mezcla de todas las cosas. Recuerdo un estudio de hace años que decía que se compartían las mentiras aún a sabiendas de que son mentira. Debe de reportarnos algún mecanismo de recompensa, de placer, el sentirnos en algún momento protagonistas de alguna información, no por ser nosotros los sujetos de la misma, sino por ser los reveladores ante un sistema perverso. Esto me conecta con unas palabras que tuve con la viróloga e inmunóloga Margarita del Val en abril. Del Val contaba que, en general en temas de salud y en particular con las vacunas que son su área de experticia, las mentiras solían ligarse casi siempre al miedo. En la pandemia se ha revelado que quien más asiduamente inventa mentiras es porque tiene mucho miedo. Este es un enorme factor, junto con el de la propagación, que es el cariño. Todos queremos protegernos del miedo y qué mejor que compartir con nuestros seres queridos una pseudoterapia o una pseudo información. Incluso sabiendo del peligro que pueda existir o no, o compartir una información que nos da un remedio. Tratamos de aferrarnos a cualquier cosa, incluso aunque tengamos la sospecha de que sea mentira, incluso sabiendo que lo es. Porque de alguna manera encontramos una satisfacción inmediata.

 

¿Y qué es lo que nos hace creer informaciones falsas?

Necesitamos discursos alternativos para aplacar de manera inmediata el miedo. La ciencia tiene unos tiempos distintos a los de la política de salud pública para dar respuestas inmediatas. Y distintos a los de la propia información periodística, los atajos suelen ser muy reconfortantes. Si yo digo que mañana vamos a tener una vacuna y que me la puedo poner en el centro de salud, menudo subidón, ¿no? También lo contrario, si yo digo que esa vacuna me va a matar soy el mejor informado antes de tiempo para prevenir a la comunidad y seré de alguna manera el héroe. Por tanto, creo que ahí hay dos elementos que sí que suelen ser el caldo de cultivo para que se generen y propaguen este tipo de sensaciones más allá de otra paralela, que es permanente, que es la crisis de confianza en el sistema tradicional de medios. Eso no es nuevo, ha sido cíclico y esa es una reflexión que también los medios tienen que hacer. Yo, que estoy a medio camino entre el fact checking y soy responsable de ciencia de un medio, detecto que el impacto de los mensajes en los medios sigue siendo tremendamente importante pese a la crisis recurrente. Pero ahora hay que tener en cuenta el impacto de que hay información que no podemos ver. En los medios convencionales todo está a la vista. En una cadena de Whatsapp tenemos una punta de iceberg donde los periodistas de verificación tienen que ser el radar y ver qué se está moviendo y cómo es de verdad.

 

¿Cómo se puede salvar la distancia entre el ritmo al que van la ciencia y el periodismo?

Esta es la parte fundamental de la divulgación. No basta con contar la última hora, hay que crear ciudadanía crítica, eso no es solo responsabilidad de los medios, abarca más. Es un sistema más complejo, pero ahí tenemos una responsabilidad. Por eso a mí me gusta mucho la divulgación básica, a veces porque puede ser fascinante, apasionante, y lejos de ser aburrida está demostrándose exitosa entre casi todos los públicos. Pero hay que saber hacerlo. Además, nos toca hacerlo sobre la marcha, según se van presentando avances y resultados, unos buenos y otros malos. Hay que explicar que esto va normalmente así. Yo no soy científico, soy periodista, sé perfectamente qué me pide el cuerpo como espectador y como narrador de historias, quiero mantener ese relato de actualidad. En cambio, la investigación científica en las revistas revisadas por pares está en otra órbita radicalmente distinta. Y no pasa nada porque así tiene que ser. Por otra parte, desde el fact checking curiosamente se siguen una serie de protocolos para determinar si algo es cierto o no que son bastante parecidos al método científico.

 

¿Cómo es dedicarse a este ámbito del periodismo? Igual hablas de la covid, del espacio, de emergencia climática, o de divulgación básica. Y no solo eso, sino que escribes muchos artículos en profundidad sobre estos temas tan amplios. ¿Cómo se aborda todo esto en el día a día?

Supongo que como cualquier otro periodista. Con curiosidad y capacidad de hacerme preguntas a mí mismo y a la gente que sabe. Hay que estudiar también mucho. Yo no he estudiado nunca tanto probablemente. Pero creo que es explotar la curiosidad y en eso no es muy diferente. Yo no soy experto per se, pero sé a quién tengo que preguntarle las dudas que yo creo que la sociedad tiene. Enmarcar la evolución de una pandemia o de la emergencia climática o de la tecnología. Es tan sencillo y tan complejo a la vez como eso. Aparte,  como mi perfil está más vinculado a divulgar audiovisualmente, necesito  conseguir encontrar un código, un lenguaje, una metáfora adecuada para trasladar ideas más o menos complejas a un ámbito visual que sea fácilmente comprensible. Que pueda ser recordado por la audiencia y perdurar en el tiempo. Estamos en una pandemia en la que es muy difícil elaborar un mensaje que dure más allá de unas semanas. La información cambia de un momento a otro porque nos hemos equivocado. Pero aun así sigo con la vocación de que aquella pieza que trata de explicar algo tenga recorrido y siga siendo suficientemente consistente para explicar un trocito de la realidad meses después.

 

 

Entrevista realizada por Ana Iglesias, alumna del Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental de la UPF Barcelona School of Management.



Este blog cuenta con la financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y el Ministerio de Ciencia e Innovación