.En 2050 siete de cada diez habitantes del mundo vivirán en una ciudad… La pregunta que se desprende inmediatamente es saber cuáles serán las urbes en las que se vivirá mejor gracias a la capacidad de alcanzar el equilibrio social basado en la sostenibilidad, cohesión, bienestar y nivel de vida, características vinculadas no sólo a la posibilidad de generar oportunidades y riqueza sino también al fomento de la cultura y de la creatividad de sus habitantes. La respuesta nos la han dado desde hace años expertos como Richard Knight o más recientemente Richard Florida.

Richard Knight lo resume así: “Las ciudades han de incentivar la actividad económica densa en conocimiento e impulsar sus centros de excelencia. El desarrollo basado en las actividades del conocimiento significa aumentar o mejorar las capacidades humanas y organizativas con la finalidad de crear un entorno que fomente la innovación, el aprendizaje, la creatividad y el cambio. Un conocimiento que ha de ser definido y percibido por la sociedad como una forma de riqueza.”(1)

Richard Florida lo sintetiza de esta forma: “Talento, tecnología y tolerancia… Las ciudades no son atractoras de talento sólo porque tengan grandes infraestructuras o un número importante de empresas. Atraen al talento porque son lugares en los que se puede vivir una vida llena de experiencias reales, y donde gente muy diferente puede vivir estilos de vida de todo tipo. Ciudades abiertas, tolerantes, diversas. Una combinación de tecnología (servicios y empresas hi-tech), talento (buenas universidades y centros de investigación) y tolerancia (aceptación y fomento de la diversidad)” (2)

Barcelona ha sido históricamente una ciudad en la que se han cumplido las premisas que plantean los dos Richard, aunque con la perspectiva surgida de la revolución industrial; una ciudad no especializada basada en la mezcla de actividades: vivienda, comercio, turismo, educación, cultura y naturalmente industria. A finales de los años 90, el alcalde Joan Clos, ante la necesidad que implicaba sustituir a la industria tradicional – por su deslocalización económica y ecológica – por la economía del conocimiento para que la ciudad no se desequilibrara y tuviera que especializarse peligrosamente, impulsó el debate y el cambio cuyo exponente territorial fue la creación del distrito 22@, expresión urbanística de toda una filosofía para la consecución de un modelo sostenible de ciudad del futuro, basada en el talento, la tecnología y la tolerancia.

Ahora los actuales responsables políticos de la ciudad y del gobierno autonómico predican teóricamente el apoyo al modelo Massachusetts, mientras que en la realidad intentan atraer inversiones para convertir a Barcelona en Las Vegas de Europa, ¡ni más ni menos! Si esta opción se hace realidad, quedaremos condenados a convertirnos en una ciudad especializada en servicios y turismo, sin valor añadido alguno para sus habitantes que estarán condenados a sobrevivir a base de salarios bajos y trabajos precarios, obligando a emigrar al talento y a la diversidad.

En el índice de creatividad establecido por Richard Florida para las ciudades del mundo basado en sus tres T, Boston ocupa el tercer lugar en el ranking más alto de las ciudades con más futuro y con mayor cohesión social, mientras La Vegas ocupa también el tercer lugar, pero empezando por la cola… (3) Boston es una ciudad ganadora y Las Vegas una ciudad perdedora; bueno: sus respectivos ciudadanos y ciudadanas son los ganadores o perdedores.

Vladimir de Semir

Más información en Why some Cities Lose When others Win, Richard Florida (30 de marzo 2012) y en Creative Class Group.

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(1) Knight, R.: Cities in a Global Society, 1989
(2) Florida, R.: The rise of the creative class, 2012
(3) “The rise of the creative class”, Washington Monthly 2002

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