Después de un siglo y medio de la publicación del Origen de las especies de Charles Darwin, un periodo en que difícilmente se conocían mujeres trabajando en ciencia, hoy damos protagonismo a mujeres profesionales en evolución. De un campo de la ciencia, como otros muchos, que ha sido dominado por hombres, hemos podido observar un escenario que cuenta con numerosas mujeres y que actualmente se les da el reconocimiento que se les tendría que haber dado en su momento.

A pesar de que la cara de la ciencia ha ido cambiando de ser solo masculina a ver cada vez más también caras femeninas, todavía hay sutiles barreras que disuaden a las mujeres de una carrera tanto académica como profesional en ciencias. Para recordar y visualizar el trabajo y el impacto de algunas mujeres en biología evolutiva hemos hecho una compilación de algunas de ellas que han contribuido notablemente en este ámbito. Dar visibilidad a mujeres científicas es muy importante para que las niñas tengan un modelo científico referente en quién poder inspirarse y sentirse alentadas.

 

Maria Sibylla Merian

Maria Sibylla Merian (1647-1717) fue entomóloga e ilustradora científica alemana. Mientras que algunos científicos de la época solo analizaban ejemplares muertos en expositores, ella observó y pinto insectos vivos. Desde joven coleccionaba insectos para estudiar su comportamiento e ilustrar las diferentes etapas de su vida, documentó en dibujos la metamorfosis de las mariposas. Después de reunir el dinero suficiente con la venta de sus trabajos, con 52 años, se fue a la excolonia holandesa Surinam, donde se enfrentó a los bosques tropicales de Sudamérica y documentó insectos nunca vistos antes. Su trabajo ha sido de gran ayuda para muchos científicos a la hora de clasificar y comprender a los insectos.

Mary Anning

Mary Anning (1799-1847) fue una paleontóloga inglesa y coleccionista de fósiles. Entre sus hallazgos más destacados están los primeros esqueletos de ictiosaurio y plesiosaurio, el primer pterosaurio fuera de Alemania y fósiles de múltiples peces. También ayudó a descubrir que los coprolitos, o piedras de bezoar, eran heces fosilizadas. Estudiar las heces de dinosaurios es muy importante para saber cómo vivieron. A pesar de sus hallazgos, no se le permitía publicar porque era una mujer. Varios doctores y geólogos respectaban sus ideas y utilizaron sus hallazgos en sus propios trabajos, pero su nombre o era editado o nunca salía al principio.

Aunque esto fue injusto en la Inglaterra Victoriana se la consideraba remarcable por ir con hombres que habían recibido educación. Su trabajo fue clave para demostrar la extinción de los dinosaurios, presentándonos la era de los reptiles, y permitió mostrar que los fósiles son algo más que rarezas místicas.

Antoniette Brown Blackwell

Antoinette Brown Blackwell (1825-1921) fue una gran filósofa y científica que, publicó trabajos científicos y cuestionó la teoría de la evolución de Darwin.  Desde pequeña estuvo interesada en la oratoria, y fue la primera mujer en ser ordenada como ministra protestante. Participó activamente en muchos movimientos de reforma, particularmente en favor de los derechos de las mujeres.

Antoinette envió una copia de sus “Estudios en Ciencias Generales” a Darwin en 1869, quien asumió por su contenido y tema que su autor – «A. B. Blackwell «- era hombre. Unos años después de ese episodio, la autora publicaría «Los Sexos en la Naturaleza», una compilación de ensayos en los que cuestionaba algunas de las conclusiones de Darwin. “El Sr. Darwin …ha fracasado al no tener en cuenta que la diferencia de sexo, en lo que sea que pueda consistir, debe ser por sí misma sujeto a la selección natural y evolución”

Un artículo publicado por la Institución Smithsonian da cuenta del desacuerdo mostrado por Brown Blackwell con respecto al postulado de Darwin acerca de que la evolución había hecho al hombre superior a la mujer. Lo consideraba inaceptable. «Para refutar esa afirmación, era fundamental que se incorporara en la discusión la opinión de una mujer. Argumentaba, además, que Darwin no había considerado las características únicas que aporta el sexo femenino en las diferentes especies en la naturaleza», se indica en el texto de la Institución Smithsonian.

Nettie Stevens

Nettie Stevens (1861-1912) fue la genetista que descubrió que los cromosomas son los que determinaban el sexo de los organismos. A pesar de ser una alumna destacada en el colegio, la falta de recursos económicos y su condición de mujer le impidieron continuar estudiando, hasta que ahorró lo suficiente para estudiar en la Universidad de Stanford, a los 35 años.

Su talento llamó la atención del prestigioso genetista, y futuro Premio Nobel, Thomas Hunt, quien la incorporó a su equipo y la ayudó a dirigir su trabajo enfocado en la investigación de los cromosomas y la herencia de Mendel. Así Nettie se dedicó a investigar en insectos, en especial el gusano de la harina, donde descubrió que las hembras sólo producían células X, mientras que el macho producía X e Y. Tras el análisis de 50 especies de escarabajos y nueve de moscas, publicó en 1905 Studies in Spermatogenesis with Special Reference to the “Accessory Chromosome” donde constató, por primera vez en la ciencia, que los cromosomas son parejas de células, donde si el óvulo fecundado por un espermatozoide portador del cromosoma X daría como resultado una hembra, y si era portador de Y el resultado sería un macho. Hasta ese momento la ciencia determinaba que los cromosomas eran largos bucles, mientras que la teoría de Stevens los propuso como parejas de células.

A pesar de este enorme descubrimiento otro genetista quien había inspirado parte del trabajo de Stevens, Edmund B. Wilson publicó ese mismo año un estudio con resultados similares a los de Stevens. Durante años la historia le otorgó a Wilson el papel central en la relación cromosoma sexo, hasta que alguien se dio cuenta que en su publicación citaba los resultados de Stevens como similares a los suyos. Consciente de la poca relevancia que le daban al trabajo de las mujeres, y debido a esta experiencia, Nettie Stevens se dedicó a hacer publicaciones de excelente calidad, con cantidad inigualable de datos y llenas de citas y referencias al trabajo de otras mujeres para darles visibilidad.

 

Barbara McClintock

Barbara McClintock (1902-1992) fue la citogenetista que descubrió los “transposones”, elementos genéticos móviles. McClintock obtuvo un PhD en botánica en la Universidad de Cornell, en contra de la voluntad de su madre pero sí con el soporte de su padre. Allí empezó su revolucionario trabajo con el maíz y los cromosomas. Aún así, observó que en la universidad le sería muy difícil obtener un trabajo a tiempo completo, por las barreras que suponía ser mujer. Por eso se puso a trabajar en un centro de investigación en Cold Spring Harbor, Nueva York. Allí empezó los experimentos que la harían llegar a su descubrimiento. Plantó un campo de maíz y estudió detenidamente las células en un microscopio. Observó que los granos del maíz con distinto color tienen los mismos genes, pero están ordenados de manera distinta. Esto daba la explicación a la gran variación de animales, plantas y personas en el mundo que pueden evolucionar en su ambiente.

En 1951 McClintock explicó su descubrimiento en el simposio Cold Spring Harbor, pero nadie la creyó. No fue hasta 20 años más tarde que se le reconoció el descubrimiento a ella, y en 1983 fue premiada con el Premio Nobel en Medicina y Fisiología.

 

Mary Leakey

Mary Leakey (1913-1996) fue antropóloga, arqueóloga y paleontóloga. Proporcionó grandes hallazgos para el mundo de la investigación de los orígenes del hombre en sus expediciones en equipo junto a su marido, el también arqueólogo Louis Leakey. Descubrió el primer cráneo de simio fósil –el Proconsul africanus–, restos del Australopithecus boisei, del Homo habilis, del Homo Erectus y las huellas de Laetoli.

Mary relevó a su marido en la dirección de las excavaciones de la garganta de Olduvai en 1961. En esa zona recóndita de Tanzania, la pareja descubrió un fósil de homínino con una antigüedad de unos dos millones de años y que sería bautizado como Australopitecus. Este no fue su único hallazgo pues durante los años que duraron los trabajos de excavación en Olduvai recopilaron un gran número de herramientas, fósiles y cráneos de distintos períodos de la prehistoria que fueron ordenados y clasificados con gran detalle.

Tras la muerte de su marido, Mary Leakey prosiguió sus investigaciones en Laetoli, Tanzania, descubriendo en un suelo de ceniza volcánica tres huellas fosilizadas de homínidos de una antigüdad de 3,5 millones de años, probando que nuestros ancestros ya caminaban erguidos en un pasado. La contribución de Mary Leakey al conocimiento del pasado humano fue reconocido con grandes honores académicos.

 

Rosalind Franklin

Rosalind Franklin (1920-1958) fue una importante química y cristalógrafa que hoy recordamos por tomar la foto clave que reflejaba la estructura helicoidal de la molècula de ADN. Esta foto, a través de un compañero de laboratorio, Maurice Wilkins, llegó a manos de James Watson y Francis Crick sin permiso de Rosalind. Los investigadores lograron así completar su investigación sobre la estrctura del ADN y publicar el célebre modelo de doble hélice por el cual, tras la muerte de Rosalind, recibieron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología sin ningún reconocimiento a ella. De hecho, hablaban de ella como la dama oscura, y en el libro La doble hélice de Watson donde explica el descubrimiento, se hace referencia a Franklin de manera injusta y cruel, describiéndola como una mujer grotesca, poco atractiva, agresiva e inflexible. Años más tarde se descubrió la verdadera contribución de Franklin en el descubrimiento y se la recuerda ahora como la mujer merecedora de ese Nobel.

 

Esther Lederberg

Esther Lederberg (1922-2006) fue la microbióloga que descubrió el bacteriófaga lambda, un tipo de virus que infecta a bacterias. Lamentablemente, su labor en no pocas ocasiones se ha adjudicado a su marido, Joshua Lederberg, permaneciendo ella casi desconocida. Esther obtuvo su doctorado en la Universidad de Stanford, donde trabajó junto a su marido en el estudio de las bacterias.

Gracias a su estudio conocemos lo que es la transducción especializada y así se pudo estudiar los mecanismos de resistencia bacteriana. Además Esther creó una nueva forma de estudiar las bacterias denominada replicación de placas, antes de eso estudiar mutaciones llevaba mucho tiempo. Las excelentes conclusiones de la joven científica permitieron también demostrar por primera vez un importante fenómeno llamado transferencia horizontal de genes, es decir, la transmisión de material genético entre organismos de la misma generación sin implicar la transmisión del ADN de padres a su descendencia. La transferencia horizontal explica, entre otras cosas, la capacidad de las bacterias para transmitir resistencia a los antibióticos; un problema médico que hoy está adquiriendo considerable importancia.

Su trabajo llevó a su marido, Joshua Lederberg, a ganar el Premio Nobel en 1958; sin embargo, cuando recibió el premio, nunca agradeció a Esther su contribución a la investigación. Años más tarde se divorciaron y ella se convirtió en la directora del Plasmid Reference Centre en Stanford.

 

Jane Goodall

Jane Goodall (1934), la primatologa, etóloga, antropóloga y mensajera de paz de la ONU, es de las grandes referentes del estudio de chimpancés. Goodal, es doctora en Etología por la Universidad de Cambridge y  Doctora honoris causa por más de 45 universidades del mundo, incluyendo dos instituciones españolas.

A los 23 años comenzó a hacer realidad su sueño viajando a Kenia, donde trabajó con el famoso antropólogo Louis Leakey, hasta que éste la envió en 1960 a Gombe, Tanzania, con la arriesgada misión de investigar por primera vez a los chimpancés salvajes de la zona. Con solo la compañía de su madre y un cocinero, plantó su tienda en la selva y comenzó su proyecto de investigación que duraría en teoría 6 meses, y que continúa en el presente tras aproximadamente 58 años. Desde entonces ha dedicado su vida al estudio de la vida social y familiar de los chimpancés, y descubrió con su observación que «no solamente los seres humanos tienen personalidad, y son capaces de tener pensamiento racional y emociones como alegría y tristeza».

En 1977, Goodall estableció el Instituto Jane Goodall (IJG), el cual apoya a la investigación de Gombe, y del cual ella es la líder global, en un esfuerzo por proteger a los chimpancés y a sus hábitats. Su trabajo ha sido fundamental no sólo para difundir conocimientos sobre los chimpancés, sino también para generar empatía y afianzar su protección y la de sus ecosistemas, además de invitarnos a reflexionar sobre nuestra propia especie y promover un estilo de vida más sostenible en nuestras sociedades.

 

Josefina Castellví i Piulachs

Josefina Castellví i Piulachs (1935) fue la primera catalana que viajó a la Antártida y presidenta de la base Antártica Española. Josefina es bióloga marina y oceanógrafa especialista en microbiología marina.  Su pasión por el estudio de bacterias en condiciones de ambientes extremos la llevó a interesarse por el continente antártico y, en 1984, se convirtió en la primera mujer española que participaba en una expedición internacional en aquellas tierras heladas. Josefina Castellví considera la Antártida como un libro de la historia del planeta, por eso estudió los ecosistemes atrapados en el hielo.

Al principio se sintió discriminada porque siempre la dejaban en tierra cuando salían de expedición para buscar muestras y no la dejaban ir con los hombres. Tuvo que ingeniárselas para hacerles creer que solo preparaba su tesis doctoral y rogando que la dejaran ir «solo una vez» con los científicos, para así averiguar el lugar donde se recogían las muestras. En la siguiente ocasión, lo preparó todo y se subió al barco sin pedir ya más permiso al director, como le había prometido.

Se retiró en el año 2000, después de acumular premios y reconocimientos. Sin embargo, sigue colaborando con el Gobierno Catalan en materia de desarrollo sostenible y sigue dando conferencias sobre la importancia de conservar aquel desierto de hielo.

 

Lynn Margulis

Lynn Margulis (1938-2011) dedicó su vida profesional a investigar el microcosmos de los organismos más pequeños de la Tierra. Su tarea se centró en desmenuzar cómo evolucionan y cómo se relacionan unos con otros, pero, dada la falta de familiaridad de la comunidad científica con los microorganismos que existen en nuestro planeta, se vio obligada a batallar contra lo establecido a veces muy duramente.

Margulis desarrolló la teoria de la endosimbiosis, que cuestionó la aplicación de los dogmas darwinistas en la microbiología. Fue una de las respuestas más plausibles y brillantes para explicar la aparición de las células eucariotas, constituyentes de todo organismo vivo que no sea una bacteria o una arqueobacteria. La entonces joven científica y autora de la teoría fue Lynn Margulis es uno de los personajes más influyentes de la biología del siglo XX.

La microbióloga también hizo grandes aportaciones a la teoría de Gaia de James Lovelock, que defiende que la presencia de vida en el planeta ha contribuido a inducir el mantenimiento de unas condicionas idóneas para la biosfera. Durante su vida, Margulis acumuló un número de cargos que avalaban su trayectoria, desde miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y de la institución homóloga en Rusia, hasta la de codirectora del departamento de Biología Planetaria de la NASA.

 

Marlene Zuk

Marlene Zuk (1956) es bióloga evolutiva especialista en la evolución del comportamiento, específicamente la selección y comunicación sexual. Ella ayudó a desarrollar la idea de que los parásitos y los patógenos son fundamentales en la evolución de las diferencias sexuales, y ha examinado cómo el comportamiento afecta la tasa de evolución.

Zuk contactó con William D Hamilton, uno de los biólogos evolucionistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, y en 1982 publicó con Marlene Zuk un artículo en Science que ha tenido una gran influencia en la biología evolutiva. En ese artículo propusieron la “hipótesis de Hamilton-Zuk sobre la selección sexual”, que postula que los adornos sexuales son indicadores de la resistencia a los patógenos del individuo que los porta. Llegaron a esta conclusión tras comparar el grado de infestación con parásitos sanguíneos con el atractivo del plumaje y la calidad del canto en un centenar largo de especies de pájaros de Norteamérica. La validez de esa hipótesis exige que exista correlación entre los rasgos preferidos por el individuo que escoge pareja y la supervivencia de la progenie o algún otro factor, como el grado de infestación parasitaria, que tenga un efecto nítido sobre ella.

Además de su trabajo de investigación, en los últimos años Marlene Zuk ha dedicado parte de su tiempo a cultivar la divulgación científica. Su primer libro divulgativo fue Sexual Selection: What We Can and Can’t Learn about Sex from Animals (2003) en el que defiende que defiende que debemos evitar justificar el comportamiento animal en materia sexual o de emparejamiento como arma ideológica.

 

Ana Belén Marín Arroyo

Ana Belén Marín Arroyo, profesora titular de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, e investigadora del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), fue dotada con la ayuda más alta que otorga el Consejo Europeo de Investigación por el proyecto “Subsilience”. En este buscaban responder en qué medida la desaparición de los neandertales fue provocada por el cambio climático y/o por la expansión de una nueva especie –los Homo sapiens– en Europa.

Gracias a esta ayuda europea, la integrante del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) pudo, junto a su grupo de investigación, analizar «el impacto de las oscilaciones climáticas en las poblaciones humanas en un periodo clave para la evolución humana: la transición entre las últimas poblaciones de neandertales y las primeras de nuestra propia especie humana. No sólo es importante conocer por qué se extinguieron los neandertales sino cuál fue el motivo que nos hizo a los Homo sapiens sobrevivir».

 

«Astronautas Subterráneas»

Eaves, M. Elliot, E. Feuerriegel, A. Gurtov, H. Morris y B. Peixotto son las “astronautas subterráneas” que en 2013 sacaron a la superficie los fósiles de un nuevo homínido, el Homo naledi, uno de los descubrimientos recientes más grandes del árbol genealógico humano.

El equipo de mujeres fueron seleccionadas para la expedición debido a sus excelentes conocimientos arqueológicos y paleontológicos además de mostrar habilidades en excavaciones. Otro requisito para formar parte del equipo era ser delgada y preferentemente pequeña, para navegar por pasillos de hasta 19 centímetros de ancho para llegar a la cámara ósea, dónde encontraron los restos fosiles. ¡Otro requisito, no ser claustrofóbica!

La cueva en donde trabajaron, Rising Star, se encuentra en la Cuna de la Humanidad de Sud África. Durante 3 semanas, el equipo de “astronautas subterráneas”, exavó más de 1500 piezas fósiles de especímenes de especies de homininos previamente desconocidas.

 


Fuentes de consulta:


 





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