Óscar Menéndez

Óscar Menéndez

En esta edición del Campus Gutenberg Cosmocaixa, Óscar Menéndez ha sido moderador de la mesa redonda: “Covid-19 y las nuevas reglas del juego en comunicación científica” y responsable de la sesión “Beer for science”. Comunicador científico, es responsable del podcast La Senda, en Podimo, y conductor de Cómete el Museo, una iniciativa que se ha celebrado mensualmente en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y en CosmoCaixa. Coordina y es fundador de Ciencia en Redes y Cerebro Boca. Ha sido colaborador habitual de El País, El Mundo, Público, Muy Interesante o Quo y comisario y coordinador de numerosas exposiciones para museos de ciencia, así como de otros proyectos de comunicación informal de la ciencia. Óscar nos habla de la profesión de la comunicación científica y los retos a los que se enfrenta después de la pandemia.

 

¿Qué tiene de especial el Campus Gutenberg CosmoCaixa?

El Gutenberg tiene la ventaja de que es el sitio más juvenil de todo nuestro ámbito de la comunicación científica, es donde más veces encuentras a gente nueva que empieza. Es importante ver adónde van, como respiran. Y a ellos les viene bien vernos a gente que llevamos más años, les viene bien para centrar el tiro y saber hacia dónde pueden ir.

 

¿Qué tal el evento de este año? ¿Alguna ventaja de hacerlo online?

Tiene una: que es mucho más universal. Puede participar gente que de otra manera no estaría en Barcelona. A los que no estamos allí nos representa un esfuerzo, ya no solo económico sino físico por obligaciones familiares y personales, pero esa es la única ventaja. La clave de este tipo de eventos es el networking. Verse, conocerse, encontrar a alguien que te cae bien o que te gusta lo que hace y hablar con él o con ella, ver un poco lo que se respira. Y ese ambiente solo se puede dar presencial. En todo caso es un acierto hacerlo online porque lo que no puedes permitir es estar parados un año, y en ese sentido enhorabuena a las personas e instituciones que hay detrás, es importante saber que estábamos todos ahí. Aun así, se ha de  reconocer que los eventos online no son presenciales y tener esto en cuenta para esperar al momento en que se puedan hacer otra vez. De forma paralela al Gutenberg hay un micro Gutenberg en el que mucha gente desperdigada en bancos, o en la cafetería, hacían cosas o se veían. En este caso se nota que era online, quizá parecía que había que meter más caña porque hay que hacerlo más corto y todo es de otra manera. Muchos no se dan cuenta de lo difícil que es hacerlo online. Aunque no hay hoteles, no hay infraestructuras físicas, el esfuerzo es muchísimo más grande. En los eventos presenciales cuando tienes el control casi que van solos, mientras que en los eventos online tienes que estar ahí.

 

¿Qué retos nuevos plantea la virtualidad?

La gran noticia es que seguimos trabajando, pero, en mi opinión, tenemos el riesgo de que instituciones y empresas crean que esta es una forma posible de trabajar. En realidad, esta forma de trabajar es economía de guerra. Estamos en plena pandemia, por tanto, es la única posible, pero espero que nadie piense que las experiencias online nos están dando mucho porque no tienen nada que ver con lo presencial. Mi único sueño es hacer todo lo online que podamos hasta que esto se acabe para ya no tener que hacer nada más online. Tenemos el problema de que alguien pueda pensar que el futuro pasa por ahí.

 

¿Cómo crees que saldremos de esta?

El reto es sobrevivir. Para los comunicadores de ciencia ahora mismo el reto es hacer economía de escala y ver hacia dónde vamos, porque si salimos de aquí con una crisis y estamos en las condiciones de hace once años será muy complicado, sobre todo los que hemos pasado por las dos. Sin las subvenciones y los apoyos externos puede generarse un momento de gran riqueza humana y profesional porque la gente hará lo que pueda, pero una gran pobreza económica.

 

¿Puede tener un impacto positivo en la profesión el hecho de que la pandemia signifique comunicación médica, que mucha información circulante tiene que ver con la ciencia o que nos enfrentamos a una emergencia climática?

Claro, la parte positiva es que todo esto ha demostrado la importancia de la ciencia y seguramente cuando analicemos toda la comunicación de la pandemia y veamos dónde hemos metido la pata, en todos los ámbitos, políticos, comunicadores, creo que podemos aprender mucho de hacia dónde ir y la importancia que tiene la comunicación. Desde luego, a la sociedad creo que va a ser fácil convencerla de que las ciencias son importantes. Hay que aprovechar este resquicio para mostrarlo. Otra cosa es que se den cuenta también con los presupuestos y otras acciones. El principal reto cuando esto acabe va a ser la crisis climática y esto ha demostrado que los países pueden colaborar entre ellos y los riesgos que tiene una pandemia. Los comunicadores tenemos que encargarnos de que la gente sepa que esta pandemia sólo se ha dado porque está en proceso el cambio climático y que corremos el riesgo de que haya más experiencias de este tipo debido precisamente a eso, a la reducción de espacios naturales, al acercamiento de especies salvajes con especies domésticas y a la convivencia con humanos en un mismo entorno, a la superproducción, a la manera de producir carne, etc. Si te paras a pensar es un trabajo súper chulo. Yo soy pesimista porque defendiendo la racionalidad, es imposible no ser pesimista. Estamos donde estamos, pero creo que hay que agarrarse a todas las cosas y cuando esto acabe apoyar a la ciencia. Solo podemos salir de esta, que es, solo sobrevivimos, si luchamos contra el cambio climático y convencemos a la sociedad de que hay que hacerlo. Los comunicadores tenemos un papel inmenso, nadie puede pensar que no tiene trabajo por hacer.

 

 

 

Entrevista realizada por Ana Iglesias, alumna del Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental de la UPF Barcelona School of Management.

 

 



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